24 septiembre 2018

N-I: El tramo abandonado de Carabias

Cuantas veces, viajando por carretera, habremos visto a ambos lados de la vía cosas que nos habrán llamado la atención y que por falta de tiempo habrán quedado al margen. Pueblos, monumentos, montes, prados... o carreteras abandonadas, anotadas en la memoria para otra ocasión. Así sucedía con nuestro protagonista de hoy. Ahí estaba ese tramo, a la salida de Carabias, provincia de Segovia, en paralelo a la autovía A-1. Era evidente que estaba abandonado, por su poca antigüedad no parecía relevante, incluso podía haber pertenecido a la propia autovía. Aún así, aprovechando la vuelta de un viaje a Madrid y la larga tarde de verano del día de la visita, decidí entrar en ese tramo que tantas veces había visto desde la autovía. Al menos sumaría un tramo más a la lista de los ya recorridos, pero ojo, que tiempo más tarde, y como relato al final de este reportaje, descubrí que había más de lo que a simple vista parecía...

Fuente: Instituto Geográfico Nacional.

Hablamos de un tramo relativamente pequeño por longitud pero de notable anchura dada su importancia, ya que perteneció a la carretera de tipo radial de Madrid a Francia por Irún, y que quedó abandonado con la apertura de la autovía N-I/A-1 a su paso por este lugar. Lo podéis ver en la fotografía superior, al lado derecho. En nuestra visita partimos del extremo sentido Madrid, donde este tramo se entierra bajo la autovía y donde encontramos una señal fechada en 2001 que nos alerta del final del mismo. Nos ponemos en marcha en sentido Irún.


La calzada y su asfalto se mantienen razonablemente bien, pero la presencia de piedras de gran tamaño denota el abandono de la vía.


Este viejo cartel informaba a los conductores de la proximidad de una estación o área de servicio.



La maleza se va apoderando del terreno que un día se le arrebató, comenzando por las biondas.


Encontramos alguna señal antigua y descatalogada, como estas de permiso y prohibición de adelantamiento.



El óxido también puede ser bello, o cuando menos dotar de cierto atractivo añejo...


Panel direccional y varias señales más.





Restaurante a 200 metros.


El asfalto acusa el paso del tiempo.


La anchura de la calzada es notable aún hoy. Es de suponer que en su construcción a mediados del siglo pasado (ver actualización al final del reportaje) supusiese una gran mejoría respecto a lo existente hasta el momento. Más tarde vendría el Plan Redia para estandarizar su anchura a unos flamantes 12 metros que darían un digno servicio hasta la apertura de la autovía mediante la duplicación de calzada de buena parte de la N-I.


Peligro de deslizamiento...



Fin del tramo y vuelta a la "civilización".


Actualización Abril 2020: Hasta aquí lo visto en 2018, ahora viene la sorpresa. Repasando esta entrada con el fin de completarla y dotarla de alguna foto aérea histórica, he dado con otro tramo anterior al recorrido hasta ahora y que pasó totalmente desapercibido durante la visita. ¿Veis ese camino que sale a la derecha de la calzada que acabamos de visitar?

Fuente: Instituto Geográfico Nacional, imagen actual.

Pues parece que esa curva perteneció a la carretera de Irún...

Fuente: Instituto Geográfico Nacional, años 56-57.

Y que ya en la década de los 40 estaba amenazada por una nueva variante en construcción.

Fuente: Instituto Geográfico Nacional, años 45-46.

Durante la visita, nada hizo sospechar que esa curva abandonada estuviese ahí, así que ahora procede explorarla en una futura visita y ver si aún quedan vestigios del camino primitivo, lo cual haría ganar un nuevo atractivo a este tramo de Carabias.

11 septiembre 2018

La carretera casi abandonada del Poblado de Saucelle

Vuelvo en este post a los Arribes del Duero, esta vez al sur del parque natural, al tercio que se quedó por visitar hace un par de años. El motivo de la excursión, aparte del interés paisajístico innato al lugar, es ver el último de los saltos de agua que quedó pendiente, así como otra serie de lugares abandonados relacionados con el ferrocarril que también tienen su interés. 

Nos ubicamos hoy en el entorno del salto de Saucelle. Este embalse se construyó, como otros tantos, en la década de los 50, siendo inaugurada su presa un ya lejano 29 de septiembre de 1956. Para dar cobijo a los trabajadores desplazados a ese lugar, bastante distante de otros grandes núcleos de población, se edificó un poblado compuesto por barracones y alojamientos de mayor categoría para jefes de obra e ingenieros, así como una iglesia o una escuela. Una vez terminada la obra, se demolieron los barracones, no así las demás construcciones. Dicho poblado es hoy un tranquilo complejo vacacional denominado Aldeaduero.

Existe una forma más o menos rápida de conectar el poblado de Saucelle (no confundir con el pueblo de Saucelle, ubicado a 10 kms. de este lugar) con la carretera autonómica CL-517 (antigua C-517 de Salamanca a Portugal y que conecta la capital helmántica con la frontera portuguesa en Barca D'Alva) por otra vía más moderna y de mejor trazado, denominada DSA-590, y que si bien tiene una parte más o menos sinuosa, no tiene el encanto de la carretera que originalmente unía el poblado con la CL-517 en Lumbrales, nombrada hoy como SA-330, y que es la protagonista de esta entrada. 


He de reconocer que esta carretera me sorprendió, ya que pese a haber visto en Google Maps que estaba repleta de curvas y que discurría por los desfiladeros cercanos al Duero, no esperaba encontrarla tan entretenida. Comenzamos pues desde Lumbrales en sentido norte, por una carretera estrecha y una orografía más o menos plana por el momento. En cuanto la carretera empieza a retorcerse, llegamos a un mirador habilitado en una de las curvas como observatorio de aves y de los propios Arribes. Una placa instalada en él describe de forma "poética" el lugar en el que nos encontramos.


Parada breve y continuamos por la carretera, esto es lo que tenemos ahora por delante...


Al poco llegamos al puente y puerto de La Molinera.



Es extraño leer que estamos a tan solo 280 metros de altitud, el paisaje ha pasado a ser tan escarpado que parece más propio de una zona de montaña.



Detalle de un guardarruedas del puente y la continuación de la carretera.



No dispongo de fotografía, pero desde aquí en adelante una señal advierte del peligro de desprendimientos en casi una veintena de kilómetros, de los cuales pude dar fe, teniendo que esquivar cascotes en varias ocasiones. La carretera tiene un mantenimiento exiguo, algo lógico cuando la DSA-590 alternativa llega al mismo lugar recorriendo menos kilómetros y con un trazado más ancho y sencillo. Comentar que a lo largo de unos 25 kilómetros no me crucé con absolutamente nadie, tampoco dispuse de cobertura alguna en el teléfono, así que la sensación de aislamiento era total.


Un pequeño pontón para salvar una de las múltiples gargantas horadadas por siglos de erosión...



Es una carretera tan estrecha que parece que no hay sitio ni para los hitos, hay que pintarlos en la roca.


Por aquí hemos venido...


...por allí también...


Llegamos al cruce de Saucelle, a la derecho el pueblo, a la izquierda nuestro objetivo, el salto y el poblado. Hay que bajar bastantes metros de altitud hasta el Duero, y aunque el tráfico pesado del que advierte la siguiente señal ya es inexistente, al menos de manera intensa, el tráfico normal aumenta notablemente. En adelante la carretera se ensancha y ha sido reasfaltada recientemente.


Abajo el poblado...


Y en una de las curvas un par de contrafuertes para sostener el talud.


Relativamente cerca queda el salto de agua más impresionante de los Arribes, y cuyo mirador recomiendo encarecidamente visitar a todo el que se encuentre alguna vez por la zona.



Bajamos hasta el dique...


...que hace a la vez de frontera hispano-lusa.


Terminamos con una pequeña incursión en el poblado, de arquitectura racionalista tan típica en esos años. Su máximo exponente, la iglesia, con ese diseño sencillo, sobrio y en muchas ocasiones adaptado al estilo local.